
Los dominicanos en algún momento de sus vidas se han preguntado ¿qué debería suceder en el país para que se acabe la corrupción, la falta de justicia y la inseguridad?
Al momento de plantearse tal incógnita debemos saber que la respuesta involucra a la sociedad por completo. Nos afecta de una manera u otra lo que hacen los demás dominicanos, ya sean éstos empresarios, políticos, sindicalistas, militares, narcotraficantes, drogadictos, en fin, estamos todos tomados de la mano.
¿Cómo lograr que todos hagamos lo correcto?
¿Bastaría con un buen gobernante?
Pretender que una sola persona cambie el curso de una nación es pretender que aparezcan todos los días figuras de la magnitud de Mahatma Gandhi, Juan Pablo Duarte o Martin Luther King, todos sabemos que eso es imposible. Entonces, ¿Por qué permanentemente depositamos nuestras esperanzas en los políticos de turno?
Para avanzar como país, tendríamos que ser muy afortunados para que el Presidente, sus ministros, viceministros y demás subalternos sean honestos, bien intencionados, preparados, preocupados por los problemas y por el desarrollo de nuestra nación y además deseosos de favorecer el bien común.
Pero la suerte no debería acabar ahí, el poder Judicial, los cuerpos militares y policiales, los sindicalistas, los legisladores y los empresarios, todos tendrían que tener esas mismas condiciones y valores. Es a todas luces utópico.
Sin pecar de pesimista, me atrevo a asegurar que la posibilidad de que esto ocurra es muy reducida para no decir que es imposible.
Entonces ¿cómo avanzar como país?
¿Cómo lograremos el desarrollo?
¿Cómo lograr la igualdad y la justicia social?
¿Cómo acabar con la delincuencia y con la impunidad?
¿Cómo lograr que la mayoría de nuestros hombres y mujeres compartan los mismos valores patrióticos, morales y éticos?
Entiendo que podemos lograr esa utopía, a la cual por demás tenemos derecho, con el poder de la justicia, pero con una justicia a prueba de hombres.
Existen tres razones principales por las cuales un hombre hace lo correcto independientemente de sus valores e intenciones: Si como consecuencia de sus malos actos puede perder su patrimonio, su libertad o su vida.
Si en nuestro país funcionara el sistema judicial, si nuestros delitos no quedaran impunes, no necesitaríamos de la buena suerte al momento de seleccionar a nuestros dirigentes.
Entonces, debemos darle tanta importancia a la administración de la justicia como a la selección de los dirigentes políticos de turno. Debemos vigilarla, analizar cómo mejorarla en toda su estructura, desde las leyes que la rigen hasta los jueces, fiscales y abogados que intervienen el sistema judicial.
Debemos hacer de la justicia nuestro bien más preciado, el recurso más importante de nuestro país, más importante que nuestras playas, que las zonas francas, más que las remesas.
Hagamos nuestra justicia a prueba de hombres, porque ahora lo que tenemos son hombres a prueba de justicia.
Steve Cabrera
s.cabrera@centrojuanxxiii.org
Centro Juan XXIII
Publicado en el Hoy de fecha 17 de agosto de 2009