Con un juego de lenguaje, entre la disquisición médica de epidemia o brote, el número de afectados y muertos va en aumento. A escondidas o de puntillas, las informaciones quedaban debajo de la alfombra del despacho, y las políticas a implementar, la obligación de orientar, prevenir, manejar y resolver las crisis que puedan sobrevenir en el sector salud pública, se desvanecen en aquellos que tienen la responsabilidad en sus manos.
No basta el mea culpa ante la falta de transparencia. Así no llegamos muy lejos, y mucho menos se resuelve con un manazo en el escritorio. Los programas, la planificación, las acciones, la orientación y sobre todo un gran sentido de responsabilidad social, más que política, son las respuestas a un pueblo que ve lo que acontece y que no cuadra con la información que sus autoridades pretenden justificar que manejan.
Por si alguno todavía no se ha enterado, el dengue sobrepasó ya los limites de la frontera excluyente de los programas oficiales focalizados, por lo que ahora “a cualquiera se le muere un tío o un sobrino” como consecuencia de una simple picadura de un mosquito que ya sobrevuela fuera del radio de acción en el que las autoridades de salud pública han pretendido marginarlo.
Y ahora el tema es político y de farándula. ¡Venga la fotografía y el video del síndico, del diputado, del senador y del empresario fumigando!; ¡venga la crítica del opositor, que el dengue sirve para todo! El drama humano parece ser el mejor insumo para los mercadòlogos de imagen y para las estadísticas congeladas de un reporte.
Los problemas de la salud pública en nuestro país desbordan las mejores intenciones, y deja corto no sólo al perezoso sino también al mejor de los funcionarios y hasta al mejor gobierno, cuando no se plantean políticas serias que involucren no sólo al propio estado, sino a la misma población que espera respuestas.
Todos los entornos donde se desarrolla la vida, como la ciudad, la escuela, el lugar de trabajo, el barrio y el hogar, proporcionan las mejores oportunidades para la promoción de la salud y son los espacios donde se implementan políticas, cuando existen, fomentando la participación comunitaria, facilitando la cooperación entre sectores, favoreciendo así una interacción multidisciplinaria en la promoción de la salud.
Se juega a que la tormenta pase, “porque esto es por las lluvias”. Se repite un escenario conocido: el cabildeo para que fumiguen el barrio no se hace esperar, hay que hablar con Fulano de tal, el personaje que nunca falta como tampoco su primo Juan de los Palotes, quien maneja la lista y la ruta y mientras tanto, como dice una canción popular, “los mosquitos puyan”. Veremos a uno de los sabios aparecen en las crisis, presentar un programa para importar libre de aranceles cuanta cosa sea necesaria para que cada uno mate un mosquito y, en todo esto, no aparece ninguna campaña de orientación a la ciudadanía, no ya para prevenir, sino para manejar una situación de crisis.
Se requiere más, se requiere un mayor compromiso social de todos los actores de ésta sociedad que cada día nos grita, nos exige, servir a esta Patria como ella merece ser servida.
Ángel Canò S.
Centro Juan XXIII