“La ley que puede ser violentada impunemente, es preferible derogarla”
Si esa máxima es cierta para la ley en general, cuando hablamos de la ley de tránsito, la máxima cobra todo su esplendor.
Una señal de tránsito que puede ser violentada una y otra vez sin castigo del violador, es preferible removerla.
Esto así porque al no castigar al violador, el mensaje que se envía a la sociedad es que la señal, es decir, la ley, puede ser violentada.
Eso está sucediendo en todos los ámbitos de nuestra sociedad, con notables y honorables excepciones, pero en el caso que nos ocupa nos limitaremos al tránsito.
La ley de tránsito, como toda ley, debe tener una instancia que se encargue de hacer efectivo su cumplimiento. En el caso de la ley de tránsito esa instancia es la policía, de manera particular la de tránsito y la de AMET. Nos parece sin embargo que la principal causa de la falta de fiscalización la encontramos en la limitada cantidad de agentes de tránsito y al hecho de que en lugar de estar vigilando la aplicación de la ley, están dirigiendo el tránsito en las intersecciones, en sustitución de los semáforos.
Aquí presentamos algunas ideas que podrían mejorar la situación del tránsito.
· Mejor distribución de la policía de tránsito: Actualmente la Policía de Tránsito y la Policía de AMET están unificadas bajo un mismo mando. La idea es que la distribución de la policía de tránsito sea tal que los mayores centros urbanos, vale decir, Santo Domingo y Santiago, tengan la casi totalidad de los policías de tránsito. Aún dentro de esas ciudades, hacer la distribución de la policía de tránsito, priorizando un área determinada, que pueda servir de referente como área de excelencia en el tránsito, controlada por la policía.
Si las demás áreas y zonas de la ciudad se quedan sin policía de tránsito no importa, actualmente están y no hacen lo que tienen que hacer, entre otras cosas porque no son suficientes. De manera que la idea es aumentar el número de agentes en una zona definida como “Área de excelencia en el tránsito, controlada por la policía”
· Dejar que los semáforos trabajen: Los semáforos están hechos para controlar el tránsito. Se argumenta que sin la participación de la policía, la intersección se obstruye porque los conductores se atraviesan. La solución no es poner policías a dirigir el tránsito, sino ponerlos a multar a los conductores que obstruyen la intersección. Se pudiera incluso delimitar con pintura, el área de la intersección y definirla como área de no obstrucción y el vehículo que se encuentre detenido en esa área sería multado. En ese mismo orden de ideas, si por una razón extrema, en una emergencia, el policía tiene que dirigir el tránsito de una intersección semaforizada, lo que debe hacer es apagar el semáforo, para no enviar el mensaje de que se puede violentar.
· Priorizar las infracciones: Hacer un listado con las posibles infracciones y ordenarlas atendiendo a su gravedad, de manera que el policía pueda tener un criterio al momento de poner la multa o de amonestar a un conductor. Actualmente se da el caso de que un policía en una intersección deja pasar de primero a un violador que ha adelantado a toda la fila, que ha estado a la espera, tomado la vía contraria, para colocarse de primero y recibir del policía el premio a su abuso. Al mismo tiempo ese policía no va lejos en ponerle una multa al que va hablando por el celular.
En esa lista priorizada, infracciones como las del celular o la falta del marbete de la revista estarían muy por debajo en gravedad con relación al que violenta un semáforo, un pare, o al que anda en sentido contrario al autorizado en una vía.
Si no hacemos cumplir la ley, como dijimos al principio, el mensaje que se envía a la sociedad es que se trata de una ley muerta, en cuyo caso es preferible derogarla.
Va a costar mucho trabajo y mucho sacrificio el devolverle la autoridad a la policía de tránsito, pero con la implementación de las ideas que hemos expuesto se podría empezar.
Mario Bergés
Centro Juan XXIII