Las autoridades de un Estado deciden, incluso violentando la legislación vigente, asumir la quiebra de un banco comercial y proceden a pagar las obligaciones del banco en quiebra.
Esa decisión política, pone a circular el equivalente a 2,000 millones de dólares, en moneda inorgánica de esa nación.
A partir de esa decisión política, cada uno de los 10 millones de habitantes de esa nación, tendrá una deuda por pagar de aproximadamente 200 dólares. Otra manera de verlo sería que para que las cosas volvieran a ser como antes de la decisión de asumir la quiebra, cada habitante tendría que contribuir con 200 dólares para el pago de los compromisos del banco en quiebra.
Esos 200 dólares, expresados en porcentaje del ingreso per cápita de la nación, es del 10 %. Vale decir, que de los 2,000 dólares que cada habitante recibe al año, tendrá que dedicar el 10 % a pagar un compromiso que él no contrajo y que solamente lo obliga una decisión política apoyada por la fuerza del Estado.
Existe una relación íntima entre la política y las condiciones de vida.
Es necesario que cada uno de los dominicanos que entienden que esa relación íntima existe, se la hagan evidente al resto de los dominicanos.
Para una gran parte del pueblo dominicano su relación con la política es una relación clientelista, personal: “yo soy cliente de tal líder. La decisión de mi líder puede favorecerme, en el peor de los casos no me favorecerá, pero es muy difícil que me perjudique. Y si no gana mi líder, el líder opositor, que ha ganado, siempre me tendrá como posible cliente y por tanto quizás no me favorezca, pero difícilmente me perjudique”
Más o menos así es el razonamiento. Es un razonamiento de relación personal líder-cliente que no prevé ningún perjuicio, de la misma manera que no se espera perjuicio del pulpero del cual se es cliente ni tampoco del pulpero de la otra esquina, del cual no se es cliente.
Debemos dirigir nuestros esfuerzos a elevar el nivel de conciencia política del pueblo dominicano.
Debemos lograr que la gran mayoría de los dominicanos entienda que las decisiones políticas nos atañen porque pueden ser la causa de nuestro bienestar o nuestra ruina y que las decisiones políticas son decisiones que abarcan a toda la sociedad, no personales.
En el caso del banco en quiebra que presentamos al inicio de este trabajo, debemos lograr que por lo menos una parte importante de los dominicanos le ponga nombres y apellidos a los culpables de nuestro perjuicio para que se haga justicia, y si el caso es que no se logra identificar a los culpables, entonces que le ponga nombres y apellidos a los que ocultan o descargan a esos culpables para del mismo modo exigir justicia; y lo que es más importante, que genere los mecanismos necesarios para hacer reflejar en las urnas su aprecio o su desprecio por las decisiones políticas tomadas.
No podemos dejar a los políticos profesionales solos, debemos participar.
Esa participación debe llegar, por lo menos, hasta formar un sector de la sociedad vigoroso, valiente y decidido a exigir que los que nos gobiernen nos gobiernen bien.
Ese sector de la sociedad deberá estar alerta a la gestión política y generar los mecanismos necesarios para reflejar en las urnas los aciertos o los fallos en la gestión; único freno de los políticos profesionales en una nación de instituciones débiles.
El Centro Juan XXIII es una iniciativa a favor de la formación y la organización de esa vanguardia social.
Formamos y organizamos ciudadanos para participar activamente en la toma de decisiones.
Somos una institución con vocación de opinión pública que exige que los que nos gobiernen, nos gobiernen bien.
Luchamos “Por una Patria servida como se merece”
Ing. Mario Bergés