lunes, 06 de febrero de 2012  República Dominicana   
 Buscar
dic12


martes, 12 de diciembre de 2006

La vocinglería política ya inicia como preludio de una prematura campaña electoral que se avecina y que empieza a desviar los mejores esfuerzos y la mejor inversión de tiempo hacia un menú de temas que conforman el pliego de ofertas, quejas y soluciones mesiánicas, con fuegos artificiales incluidos, con los que se pretende nuevamente poner a la sociedad a movilizarse y a sonar, aunque no seamos tambora.  

Mientras un ventrílocuo hace hablar al pretendido candidato con un discursito bien formateado y numeradas las páginas, se espera una reacción de pueblo cual marioneta que se levanta al tirar la cuerda, partiendo de un presupuesto basado en la desidia de una parte importante de la población a involucrarse en la solución de sus propios problemas y, por otro lado, contando con el arrastre ignorante generado por las estrategias de los creadores de imágenes e ídolos de barro.   

La habilidad mercadológica de los políticos de cualquier país parece provenir de un programa o curso de entrenamiento que de manera sistemática insiste en la utilización de temas y evocaciones a situaciones que suponen sensibilizar a la población con el propósito de captar o lograr su simpatía, sin ruborizarse ante la ausencia de propuestas concretas y de ejecutorias serias.  

Ante tanta palabrería se nos cruzan los cables sin poder determinar si es un pliego de ofertas de un candidato o de un sindicato; si es a una huelga o a unas elecciones que nos convocan o si estamos en el 2006 o en los noventa u ochenta, o si la noticia repetida es simplemente de un “periódico de ayer” como dice la salsa aquella, o si simplemente estamos estancados en el tiempo con los mismos temas y las mismas rebatiñas. Cambio de rostros y protagonistas; el lobo cambia el pelo pero nunca las mañas, si de canción o poema se trata. 

Pretenden algunos que la sociedad empiece a sonar, con aquella tonalidad y compás que los especialistas recomiendan a sus clientes los políticos y que consideran sensibles, que pasan desde una descarga eléctrica que genera un problema de salud, afectando la economía y el transporte y que impide una verdadera educación con la que se pueda aplicar una verdadera justicia social.   Aquí se agotan los temas, con un ¡“Yo lo hago mejor”! 

Y seguimos igual, sin soluciones visibles y sin propuestas concretas. Lo peor de todo es el desinterés de los sectores más influyentes de la sociedad, que se auto marginan de todo propósito de alcanzar resultados incluyentes, no sectorizados, y quienes no han entendido que la solución es de todos, para todos y que mientras no logremos un acuerdo como país de marchar juntos hacia un mejor futuro, estaremos expuestos a cuanto peligro implica la incertidumbre y la falta de confianza.  

En esta confusión ruidosa, no se pueden identificar verdaderos protagonistas con interés en resolver los problemas acuciantes de nuestra sociedad y, quizás con razón, puesto que realmente como núcleo social no hemos logrado un verdadero pacto social, en el que los políticos puedan verse como reales mandatarios, entiéndase como portadores de un mandato, un poder, una delegación de la sociedad, con una obligación de hacer y actuar en favor de la nación, del bien común.   

¿A dónde se nos fue el proyecto de nación? ¿Nos lo robaron de nuestros sueños o estrictamente no hemos hecho nada para concretarlo? 

Romper la inercia, desatar las amarras, ir mar adentro, elevar anclas, izar las velas, todas acciones estimulantes que requieren participación activa real, lo que traducido a nuestra realidad exige compromiso, responsabilidad de todos, transparencia, obligación de mirarnos como país y programar cada una de estas acciones en provecho de todos nosotros como pueblo.  

Mientras muchos nos crucemos de brazos y asumamos la actitud de “resuélvelo tú”, sin verdaderamente involucrarnos en los escenarios de toma de conciencia y decisiones sociales, económicas y políticas y nos conformemos con una peña, dejaremos que como sociedad sigamos sin plan de vuelo, viviendo el día a día de un país en el que nadie conoce previsiblemente hacia donde ni cómo vamos.

Ángel Canó

Centro Juan XXIII

Tags:

Tu nombre:
Título:
Comentario:
Agregar comentario   Cancelar  
InicioSobre NosotrosArtículosActividadesMiembrosDe Interés...Quiero Formar Parte!Contactos
© 2009 Centro Juan XXIII, 809-549-3499, xxiii.juan@gmail.com   Declaración de Privacidad