Cuando éramos niños soñar era algo que sucedía tan frecuente que podíamos decir en ocasiones que no sabíamos si era realidad o sueño. Para la mayoría de nosotros, podríamos decir, que fue una de las épocas más hermosas de nuestras vidas.
Recuerdo cuando era pequeña me subía la cama de mis padres, iluminada por lámparas de gas y velas, a jugar con mi padre que juraba que era mago y que podía hacer que la luz llegara, pero, que no lo hacia, solo para molestarme.
Recuerdo los viajes a Santiago, y a Pimentel, en verano, donde pasábamos horas muertas montando bicicletas en la calles, maroteando mangos o paseando por el parque con mi rico yun yun de frambuesa.
Recuerdo ir a la misa dominical con mis abuelos, y oír las predicas del Padre Duber, y mirar toda esa gente devota y apasionada oír como, con la ayuda de Dios, podíamos cambiar nosotros, para después cambiar nuestro entorno.
Recuerdo como mi prima mayor prestaba su libro de Álgebra de Baldor a mi hermano, luego lo devolvíamos a mi primo en Santiago, posteriormente regresaba de Santiago a la Capital para que yo lo usara, y al final del año escolar, mi primita lo recibía en Santiago.
Recuerdo a mi abuela, que venía a la casa a comprar juguetes para Reyes, que luego ella revendía en su tiendecita. Mi casa se llenaba de muñecas de gran tamaño, carritos, ping pongs, pelotas con ricos olores a frutas….y nada necesitaba controles, pilas, manuales, o ser armado.
Recuerdo las semanas santas, donde el viernes era un día de recogimiento, que se pasaba en familia y tranquilidad. Un fin de semana lleno de tradiciones y ritos, que se quedaban en nuestra mente.
Es de esperar que con el paso del tiempo las cosas cambien, pero, lo ideal es que cambiemos para bien, que aprendamos de nuestros errores y que seamos humildes y sepamos escuchar.
Hoy en día me aterra pensar que mi hijo salga a montar bicicletas por las calles de la ciudad. El ajetreo de la vida nos hace faltar a las misas, tan buenas para subirnos las fuerzas para pasar la semana.
Hoy en día, prácticamente cambian los libros de texto a mitad de año, y parecería que cada centro educativo tiene sus propios libros y editoras. Los niños esperan juguetes mas sofisticados cada vez, que por lo general se usan solos, no necesitan pararse de una silla y son como las computadoras, a los 5 min. sale otro y ya el tuyo está obsoleto.
Hoy día Semana Santa, es el Spring Break del país. Lleno de alcohol, locura y excesos.
Que diferente fuera si pudiéramos decir que nos sentimos orgullosos de lo mucho que hemos crecido como nación, como pueblo, como personas. Que el tiempo ha pasado, y hemos aprendido de nuestros errores. Que nos hemos convertido en un ejemplo de país, y que todos estamos trabajando por una vida digna para todos.
Sarah Cabral
Centro Juan XXIII
Por una patria servida como se merece.