lunes, 06 de febrero de 2012  República Dominicana   
 Buscar
ene30


martes, 30 de enero de 2007

Nuestro país no escapa a la globalización, que ha arropado al mundo entero.  El fenómeno queda mejor explicado cuando analizamos las etiquetas de lo que llevamos puesto: no es de extrañar que en un día cualquiera nos pongamos ropa interior hecha en China, pantalones hechos en Malasia, una camisa hecha en Taiwán, una correa italiana y zapatos ensamblados en República Dominicana con componentes estadounidenses.

 

Esto luce muy bien. Sobre todo, si como dice la teoría económica, cada país es capaz de aprovechar su ventaja comparativa para crear riquezas a nivel global.

Si la globalización fuera un fenómeno meramente económico quizás no moviera tanto a preocupación (salvo por el hecho de que la teoría económica la mandan al basurero las grandes potencias), pero el efecto de la misma se ha hecho sentir de manera peligrosa en la cultura e identidad de las naciones, y la nuestra no escapa a esto.

No hace mucho nos podíamos llenar la boca hablando de la cultura dominicana, de los taínos, del sancocho y del perico ripiao, de las magníficas relaciones que existían entre los vecinos, del espíritu de solidaridad que se hacía presente cuando veíamos a un compatriota sufriendo, del respeto y la decencia que se respiraban en la sociedad.  Hablábamos con orgullo de la Ciudad Primada de América, y de nuestras maravillosas playas.

Todo esto lo hemos ido perdiendo porque no nos han enseñado a valorar lo nuestro, y sin embargo nos han enseñado a rendir pleitesía a lo extranjero, a lo “americano”, a “lo de fuera”… porque si es de aquí, es malo.  El primer responsable de esto es sin lugar a dudas nuestro gobierno, empecinado en que Santo Domingo sea un Nueva York chiquito y que Juan Dolio sea la South Beach del Caribe.

¿Alguien me puede explicar por qué rayos Santo Domingo no puede seguir siendo Santo Domingo, y Juan Dolio, Juan Dolio?  ¿A caso desconocen nuestros ilustres gobernantes el individualismo y egoísmo que se respiran en Nueva York, o las aberraciones que a diario se pueden presenciar en South Beach?

No me vayan a mal interpretar; yo entiendo que las ciudades deben  modernizarse y adecuarse a las nuevas exigencias de sus habitantes, pero de ahí a renunciar a su esencia con el fin de imitar algo tan lejano a nuestra cultura me parece un trecho muy largo, o más bien una aberración.

Así hemos querido también emular a otras culturas, adoptando nuevos patrones de consumismo, de violencia, de enriquecimiento ilícito, de conducta social.  Hay que tener mucho cuidado con esto y tenemos que aprender a vernos en el espejo de países como Colombia, donde la violencia es cada día peor, como en Estados Unidos, donde la sociedad se ha ido degradando a un nivel tal que ya cualquier cosa es válida con tal de satisfacer el ego y los más bajos instintos del ser humano, y como en la comunidad Europea, donde los viejos son cada días más considerados un estorbo y no una parte venerable de nuestro pasado.

Aún estamos a tiempo de defender nuestra cultura, nuestra identidad.  Estamos a tiempo de defender los valores que nos inculcaron nuestros padres y abuelos, valores que hoy tienen más vigencia que nunca, valores que defendieron Duarte y los Trinitarios.  No podemos quedarnos cruzados de brazos.

Es momento de exigir a nuestros gobernantes pulcritud y decencia en su accionar, de inculcar a nuestros hijos valores tan esenciales como la verdad, la honestidad, la justicia y el respeto, de demostrar en nuestro lugar de trabajo que sí podemos ser ciudadanos de bien.  Es el momento de servir a la Patria como merece ser servida. 

Jorge Aguayo
Centro Juan XXIII

Tags:

Tu nombre:
Título:
Comentario:
Agregar comentario   Cancelar  
InicioSobre NosotrosArtículosActividadesMiembrosDe Interés...Quiero Formar Parte!Contactos
© 2009 Centro Juan XXIII, 809-549-3499, xxiii.juan@gmail.com   Declaración de Privacidad