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martes, 06 de febrero de 2007

Parece que concluye el proceso de reforma de la constitución auspiciado desde el Poder Ejecutivo, en el que se han recogido importantes impresiones de los distintos sectores de nuestra población; aún así no parece del todo claro la razón del porqué debemos avocarnos a modificar nuestra Carta Magna, principalmente por el carácter estrictamente político que los partidos han pretendido dar a estas intenciones. 

Entender la importancia de la Constitución presupone, por lo menos desde el punto de vista jurídico, comprenderla como orden jurídico fundamental del Estado, de la comunidad, a la que se le puede atribuir un rango especial frente al resto de las leyes.

Para muchos ella expresa el grado de “acuerdo social”, siguiendo un poco la línea del modelo francés, para tener una convivencia democrática, estableciendo las obligaciones, derechos y responsabilidades del Estado, de los ciudadanos y la interrelación de estos.  

Si de algo sirve este proceso de consulta, por lo menos en esta etapa, es para desempolvar el texto constitucional y colocarlo en relieve, de manera que algunos recuerden lo que en ella se expresa.  No hay que sorprenderse de que para muchos resulta deslumbrante el conocimiento de la constitución, la cual nunca antes habían tenido ni por curiosidad el interés de conocer; algunos finalmente descubren que realmente tiene algo más que reelección,  mientras que para otros sirvió simplemente como base para ejecutorias muy particulares que no respondían al verdadero sentir nacional.   

Los partidos políticos, los gobiernos, sindicatos, legisladores y hasta el mismo sistema educativo se han encargado de diluir en la práctica el conocimiento y aplicación de la norma constitucional.

Obviamente que el propio sistema judicial también ha tenido su participación en este proceso de hacer invisible la Carta Magna, a la cual nunca se le vio sentido sino hasta que se hizo un reclamo internacional la protección y tutela de los derechos fundamentales.  

Sumergirnos en un proceso de reforma de la Constitución debe tener previsto todo un proceso posterior de socialización de sus preceptos, nuevos y tradicionales,  de manera que la misma en corto tiempo, luego de la efervescencia de la novedad, no quede en los anaqueles de las bibliotecas y en las referencias académicas obligadas.   

El respeto a la Constitución no depende del gobierno que esté de turno sino de una conciencia ciudadana de lo que ella representa.  Solo la ignorancia de la Constitución facilita que la misma sea contravenida alegremente y adquiera la apariencia de una existencia meramente formal, ideal, poética. Nos podemos gastar el mejor, moderno y más avanzado texto constitucional, pero si nos mantenemos ignorándole, de nada servirá el esfuerzo que se haga en su reforma.    El conocimiento de ella hará exigible su respeto en todos los órdenes.  

En torno a la Constitución se mueven muchas ideas que reflejan su naturaleza político-social y jurídica, de manera que en ella se conjugan realidades que no pueden declinarse, y de la que no hablaremos ahora.  Lo importante sigue siendo ver en la Constitución aquello que realmente nos representa en valores y aspiraciones como nación. Esperamos que este proceso realmente promueva,  contemple y refuerce esos valores y esas aspiraciones y que ellos puedan ser instrumentos reales de materialización de aquellos principios que reflejan el espíritu generoso, noble y de elevada comprensión de la solidaridad humana 

Conocer nuestra Constitución, sentirnos representados en ella y respetarla definitivamente nos hace un mejor país.  

Ángel Canó
Centro Juan XXIII

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