Cuando niños jugábamos el juego de las escondidas o “al escondido”. En este juego nos reuníamos un grupo de niños generalmente con una latica llena de piedras; y mientras el mejor lanzador lanza bien lejos la latica, uno de los niños, el que se quedaba, la va buscar y los demás se escondían y éste debía de encontrar a los demás en sus escondites.
Cuando el niño regresa pone la lata en su lugar y comienza a descubrir a los niños escondidos y cuando los descubre, los “cuela” diciendo: “1, 2, 3 Pisá Colá” fulano y así sucesivamente hasta que los descubre a todos. El último encontrado será el próximo en quedarse.
El niño que se queda no puede perder de vista la latica porque si alguno de los niños escondidos logra alcanzarla, vuelve y la lanza y el juego se inicia de nuevo, y hasta los que estaban colados vuelven a jugar.
En ocasiones eran tantas las veces que un mismo niño tenía que comenzar de nuevo el juego, que llegaba un momento que éste se cansaba y no jugaba más.
En nuestro país, durante muchos años, empresarios, profesionales, consumidores, políticos y gobernantes de turno hemos estado jugando otro juego con grandes similitudes pero con otros valores y otras “laticas”. Se trata del juego “1, 2, 3 Cola Pisá”.
En este juego, los jugadores no son niños inocentes, son adultos muy concientes. La latica es una especie de alcancía o botín pero no de piedras sino de impuestos pagados y dejados de pagar. En este botín, los políticos y gobernantes esperan que los empresarios, profesionales y consumidores depositen fielmente los impuestos establecidos para que el Estado y su Gobierno puedan “cumplir” con los deberes para con el pueblo que lo eligió.
Sin embargo, tradicionalmente los gobernantes de turno han dispuesto de los impuestos cobrados a “su mejor manera”. Por otro lado los empresarios, profesionales y consumidores se esconden para evitar el pago de impuestos alegando que los gobernantes cobran pero no devuelven a la sociedad los servicios para los cuales estos impuestos fueron creados. Es decir, unos se esconden mientras otros crean más impuestos.
Cuando esto ocurría los empresarios, profesionales y consumidores apostaban a que le buscarían la vuelta para seguir escondiéndose y evadiendo los impuestos; y generalmente lo lograban.
Mientras tanto, cuando se le exigía a los gobernantes que explicaran el uso de los impuestos cobrados y el cómo de los “botines” que muchos de ellos exhiben, éstos le cantaban “1, 2, 3 Cola Pisá”, y les recordaban de cualquier forma que no exigieran eso ya que todos los dominicanos tenían una cola que pisarle, precisamente de impuestos evadidos o fortunas mal habidas.
De igual forma cuando a muchos empresarios, profesionales y consumidores se les exigía el pago de impuestos, éstos le recordaban a los políticos y gobernantes, los grandes “aportes” gracias a los cuales habían llegado a esas posiciones y les cantaban también “1, 2, 3 Cola Pisá”.
Entonces ni el Gobierno cobraba los impuestos, ni el pueblo recibía los servicios, y todos tenían una cola que le pisaran.
Resulta que un día, la evasión de impuestos fue tan alta y los niveles de servicios públicos tan bajo, que las autoridades actuales se “cansaron” del juego y de los escondites estableciendo el ya famoso y exitoso sistema de comprobantes fiscales; y finalmente los empresarios, profesionales y consumidores tuvieron que salir de los escondites y “transparentarse”; entonces todas las colas quedaron verdaderamente evidenciadas y pisadas para siempre.
Pero resulta que con la pisada de la cola, las colas quedaron a su vez cortadas. Ahora ya no hay cola que pisar pero el juego no se ha acabado aún, falta la segunda parte, los políticos y gobernantes todavía están escondidos y con su cola.
Ahora los empresarios, profesionales y consumidores sin cola que le pisen, exigirán a los gobernantes y políticos que dispongan de los impuestos cobrados para satisfacer las verdaderas necesidades del Pueblo Dominicano, que muestren sus propios comprobantes fiscales que justifican los botines, y se corten sus propias colas.
Una vez cortadas las colas de todos los jugadores podremos dejar el juego y volver a trabajar por una Patria Servida como se Merece.
Ernesto Martínez
Centro Juan XXIII