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martes, 13 de noviembre de 2007

Luego de transcurridos los días de la tragedia que representó para nuestro país el paso de la tormenta Noel, y revisando lo acontecido; consideramos que en cierta forma las consecuencias que verificamos luego del evento atmosférico fueron causadas por múltiples razones, pero en este artículo sólo nos vamos a referir principalmente a cuatro factores.

El primero de ellos lo fue que el fenómeno natural que nos azotó, evolucionó de sistema de baja presión a depresión tropical el sábado día 3 de noviembre a las 12:00 de la noche; y luego a tormenta tropical a las 2:00 p.m. del próximo día, domingo 4. Lo peor de todo fue que dicho proceso se registró sumamente cerca de nuestro territorio y como vimos, en muy corto tiempo.

El segundo  factor que nos afectó como consecuencia del primero, lo fue que la rapidez con que se sucedieron los hechos desbordó los sistemas de comunicaciones establecidos por el Consejo Nacional de Emergencias (CNE), tanto a lo interno como hacia lo externo.

El tercero de estos factores, a nuestro juicio, lo representó las limitantes logísticas que agobian las estructuras de atención de emergencias y salvamento del país; y finalmente, da pena decirlo, lo fue la falta de educación o conciencia de nuestra población.

En este artículo, por razones de espacio, sólo quisiéramos enfocar en particular el segundo de estos factores; el de la comunicación.

Escuchamos al General Luis Luna Paulino Presidente del  CNE explicar en una entrevista televisiva durante la semana del evento, que el sistema normal de comunicación que utiliza dicha entidad requiere de varias horas para hacer llegar la información de las diferentes alertas a los brigadistas y puestos de ayuda.

Pensamos que esta limitante no es aceptable en nuestro país, debido a que según cifras del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), el nuestro es uno de los países del hemisferio con mejores índices cualitativos y cuantitativos de comunicación.Estadísticas del organismo antes mencionado reflejan que a mediados del presente año existían en República Dominicana más de cinco millones de teléfonos celulares.

Nos preguntamos si sería posible que se disponga que a los brigadistas y autoridades competentes, además, de comunicarles por las vías normales las alertas amarillas, verdes y rojas, se les pudiera hacer llegar dichos avisos vía  los teléfonos celulares.

En un país donde vemos que este medio de comunicación se ha venido masificando en los últimos años, es difícil pensar que estos jóvenes o alguno de los compañeros que conforman las brigadas no tengan un teléfono celular. Además pensamos que ante una alerta roja, sería sumamente útil que esta condición se comunicara a todos los usuarios de teléfonos celulares o por lo menos a los usuarios registrados en las zonas donde se vaya a declarar la alerta roja. Además de esto se pudiera pasar un cintillo en los diferentes canales de televisión al igual que avisos por las emisoras de radio cada una hora. Si se quisiera focalizar a la zona afectada, se podría lograr coordinándolo con las diferentes compañías de cable que ya tiene cada municipio cabecera de provincia.

Para lograr lo planteado, solo haría falta una coordinación entre el Consejo Nacional de Emergencia (CNE), la Oficina Nacional de Meteorología, ONAMET, el INDOTEL, los operadores de telefonía celular, la Asociación de Empresas Radiodifusoras ADORA y los canales de televisión. Si técnicamente fuera posible hacerlo, pensamos que estas empresas de comunicación masiva han mostrado tradicionalmente la sensibilidad suficiente y estarían más que dispuestas a contribuír con una causa como ésta.

En sentido general, pensamos que las autoridades responsables de accionar frente a eventos catastróficos como el que nos acaeció la semana pasada, hicieron su mejor esfuerzo; sin embargo, motivados por la misma queja que externó el General Luis Luna Paulino, hemos querido hacer el presente aporte con la intención de que si se considera viable, sirva para evitar pérdidas de vidas humanas y materiales en el futuro.

Aunque todavía con el alma desgarrada por las imágenes dantescas que vemos en las zonas afectadas y en las miradas perdidas de nuestros hermanos que han sido impactados por el dolor de haber perdido un ser querido, debemos sobreponernos para poder analizar lo sucedido, y tomar los correctivos de lugar.

Lic. Harold J Molina Boggiano

Por una patria servida como se merece…

Centro Juan XXIII

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