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martes, 12 de febrero de 2008

Muchos de los acontecimientos que han tenido efecto y trayectoria historia y que han dado inicio a grandes transformaciones sociales y políticas, y a grandes guerras por igual, si son sacados fuera del contexto histórico en el que ocurren pierden su valor de trascendencia y no parecen justificar en forma alguna aquel hecho en el que desencadenaron. 

La gripe aviar del pollo dominicano parece que tendrá un efecto puntual histórico puesto que los hechos empiezan a indicar que está siendo utilizado como punta de lanza por el gobierno haitiano para ejercer algún de tipo de presión sobre su contraparte dominicana en aspectos que, aunque no parecen salir aún a flote, cada uno empieza a elucubrar. 

Lo que sin duda alguna ponen en evidencia estos pollos es que son estratégicos, han colocado al país en una situación de vulnerabilidad que probablemente ninguna autoridad actual o pasada, ni ninguno de los empresarios concernidos en el tema,  pudo pensar pues, quiérase o no, es evidente que en muchas ocasiones se ha subestimado a nuestro vecino y se le ha tomado como un destino garantizado.

El grito al cielo es el que han puesto los interesados en el negocio aviar ligado a las ventas en el mercado haitiano, quienes han visto mermada, o mejor dicho liquidada, una cadena de ventas que se consideraba consolidada y asegurada partiendo de las necesidades evidentes que existe de este producto en dicho país.

El tema tiene por tanto sus matices económicos pero principalmente se ha ido tornando en político.  Es un pulso que están echando las autoridades de ambos países tratando de sacar el mejor partido de la situación, mientras que los espectadores intereses vinculados a las exportaciones de pollo y huevos están tratando de entender, al igual que los consumidores haitianos y el resto de nosotros, que es lo que pasa con el tema y a quien y cuando acudir para solucionarlo. 

El filo político interno que se ha tratado de sacar al tema, enrostrándole al gobierno su falta de capacidad para resolverlo en corto plazo, queda disminuida con el argumento de defensa de que el tema surgió como una estrategia de campaña para precisamente poner en apuros al gobierno.

Lo cierto es que en el negocio hay políticos de altura involucrados, y que están igualmente expuestos a pérdidas millonarias mientras el juego de los estrategas políticos continúa con un manejo de prensa sin alcanzar una solución.

De ser cierto que el tema de la gripe aviar fue un elemento que se puso a circular, el juego ha salido caro para todos y se les fue de las manos, pues los pollos tendrán una repercusión histórica que quizás no vemos en lo inmediato.

Lo que nos queda es comprender que con Haití no se puede jugar ni subestimar y que si en algún momento ese país llega a organizarse como se espera,  las relaciones definitivamente tendrán que ser definidas de forma más seria y transparentes.

Quizás en el libro de la historia conoceremos este episodio como la “Crisis de los Pollos” o los “Pollos Estratégicos” por cuanto puede convertirse en una figura emblemática para resaltar cómo un tema aparentemente sencillo tuvo que requerir una solución de Estado en niveles que todavía no nos podemos imaginar. ¿Qué quiere el gobierno haitiano y que le ofrece el gobierno dominicano?

Quizás nunca nos enteraremos del todo, pero de lo que si estamos seguros es que nunca antes estos pollos fueran tan apreciados políticamente.  Ojala que este descubrimiento acerca de nuestra vulnerabilidad no sea excusa para en el futuro utilizar la misma estrategia en otros temas y asuntos entre ambos países, con el lamento que nos queda de que la misma fue ideada por los propios dominicanos, quienes como dice el refrán “afilaron cuchillo para su propia garganta.” Así no se sirve a la patria como se merece.

 

Angel Cano

CENTRO JUAN XXIII.

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