Lo absurdo es que se “visten de médicos” y se sientan a leer periódicos, comer “yaniques”, beber café y asumir poses para la foto, esperando salir en la primera plana; la sonrisa de la victoria se asoma, una victoria incomprendida hasta por ellos mismos; no se logran propósitos visibles, aunque algunos de los reclamos sean válidos como lo es el salarial, quedando solo la satisfacción momentánea de un día libre a costa de la salud de un pueblo.
Y es que se pierde la visión y sentido de las reivindicaciones que se pretenden y cuando se pierde el horizonte de esa lucha por reivindicaciones, la misma se convierte en otra cosa menos en lucha y pierden sentido sus fines, sus objetivos y, mucho más grave aún, la clase que se lanza a ella pierde credibilidad y respeto frente a la misma comunidad que, en un inicio, le dio apoyo.
Los médicos han descendido de categoría, se vistieron de gala como asociación para luego actuar y comportarse como un mero sindicato, cuya única referencia obligada es la de los transportistas y maestros, permeado por toda una sarta de intereses menos los de la real protección de la clase médica, protección que en modo alguno puede promover el exponer a la gente a una situación de extremo riesgo de salud por la desatención de los médicos que se encuentran disfrutando de su día libre, o lo que algunos han pretendido llamar huelga.
El juego de las estadísticas parece ser la prioridad del electo presidente y representante de la “clase médica” en estos reclamos, pues su record es lo que esgrime para que se le reconozca como aguerrido luchador de las “mejores causas” de los médicos. La pena es que los pacientes no podemos hacer huelga.
La “lucha médica” al igual que la de otros gremios como los profesores, ha ido perdiendo credibilidad en la sociedad fruto de la influencia marcada de los intereses políticos, que varia dependiendo de quien esté ocupando el Palacio Nacional. Estos gremios se han convertido en “bunkers” de intereses políticos más que de clase y han distorsionado la mística de la clase que representan.
Y están divididos: aquellos que tienen el respaldo del servicio de consultoría privada, que indiscutiblemente no incluyen en la huelga, y aquellos que no cuenta con ella y que a fin de cuentas son los que deben permanecer al pie del cañón y los que visiblemente hacen la huelga por necesidad; son los que salen en las fotos y los que reciben las peores respuestas.
No es posible que bajo el pretexto de una huelga médica se desatiendan las emergencias, que es por donde se abre la compuerta más directa a una situación de vulnerabilidad de la vida de cualquier persona que llega en estado crítico.
Mostrarse insensible a un reclamo de atención en condiciones de emergencia es en ocasiones condenar a algunos hasta la misma muerte, pues no es cierto que todos tienen con que acudir a una clínica privada, a veces la del mismo médico “en huelga”, para buscar la ayuda médica que no la pudo dar el médico público.
Y podrán tener razón en muchos de sus reclamos, aunque no sin duda de la simple lectura de la lista de reclamaciones algunas aparecen como descabelladas o justificativas de mayores ruidos que como estrategia se quedan en el tintero de la negociación para futuras reclamaciones como temas “pendientes”.
Pero por más justificados que parezcan se desvanecen ante la sociedad por el hecho de la insensibilidad que muestran estos médicos sindicalistas. La creatividad sindical de los médicos no ha dado resultados para sus propósitos y es hora de empezar a rescatar lo que pueda quedar de sensibilidad por un pueblo que anda a rastras buscando un mínimo de atenciones médicas.
Y nada tiene que ver con soluciones individuales. No hay solución posible con el incremento salarial. El tema salud tiene elementos sistémicos que no se resuelven con el aumento y mejoría salarial de los médicos: un mejor salario no implica una mejor asistencia médica a favor de los usuarios de los servicios médicos públicos.
Se hace necesario involucrarse en una política seria de mejorías del sector salud que no parte necesariamente de la mejoría salarial del médico, que es sólo un aspecto. El médico con un salario justo no hará nada diferente a lo que hace hoy sin instrumentos, medicinas, facilidades, entre otras. Tendrá un mejor salario y seguirá igual que hoy: cruzado de brazos impotente.
Debemos todos ser parte de la solución, no aportar insumos para agravar el problema, el cual no es el salario médico sino la deficiencia del servicio de salud, en el que se incluye obviamente el bajo salario médico. No hay que invertir las prioridades sino revertir el proceso de deterioro.
Al médico le corresponde empezar por rescatar su vocación de servicio, respetarse así mismo para ganar el respeto y consideración de la comunidad, ayudar al que más necesita de sus servicios; a la sociedad le corresponde mantener la exigencia de mayor atención al sector salud y aportar para ello para vencer la inercia de la clase política.
Por ahora, al médico le toca aportar esa cuota de salud que la patria necesita para ser servida como merece.
Ángel Canó
CENTRO JUAN XXIII