El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra pendejo como “hombre cobarde y pusilánime”. También define pusilánime como “falto de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes”.
Existe en nuestro País una noble clase de ciudadanos que caen en otra categoría, una clase que lamentablemente se les mal denomina “los buenos pendejos”.
A los miembros de esta Clase les sobra ánimo y valor para tolerar las desgracias y más aun les sobra fuerzas para intentar cosas “imposibles” y lograrlas, son realmente “Los Buenos Ciudadanos”.
Son estos ciudadanos los héroes anónimos y responsables de que seamos un país medianamente sostenible desde el punto de vista económico, institucional, y hasta eléctrico.
Son estos ciudadanos los que, a pesar del despilfarro de los gobiernos de turno, de la corrupción de los políticos y funcionarios públicos, de la corrupción de empresarios y empleados privados, se mantienen pagando los impuestos que establecidos por Ley deben pagar como personas y como empresas.
Hacen esto sin importar que la gran mayoría de sus amigos, colegas, y competidores dejen de pagarlos por aquello de que “todo el mundo lo hace” o porque “esas son las reglas del juego”.
Son estos ciudadanos los que, a pesar de que nuestras instituciones son débiles y en ocasiones con una autoridad cuestionada se mantienen utilizando los mecanismos correctos y los procedimientos establecidos por Ley. Hacen esto sin importar que la gran mayoría de los usuarios de estas instituciones usen influencias o recursos inapropiados para utilizar esos servicios.
Son estos ciudadanos los que, a pesar de que las empresas generadoras y distribuidoras de electricidad conjuntamente con la clase política y empresarial de turno han mantenido contratos leoninos e ineficiencias intolerables, sigue pagando una de las energías eléctricas más caras del mundo, para mantener un servicio ineficiente. Hacen esto sin importar que la gran mayoría de sus amigos, vecinos y competidores se la roben por aquello de que “de todas maneras a mi me están robando” o “yo no voy a pagar la luz que no consumo”.
Son estos ciudadanos los que, siendo servidores públicos electos o nombrados para servir al Pueblo anteponen el Bien Común a sus intereses personales y rechazan el soborno, rechazan la comisión, y se mantienen guiados por un Norte especialmente Iluminado. Hacen esto sin importar que la mayoría de sus colegas sean corruptos por aquello de que “esta es mi oportunidad” o porque “se sobreentiende que eso es así”.
Estos son los hombres y mujeres verdaderamente auténticos, originales, honestos y más aun verdaderamente libres. Se imagina Usted que sería de nuestro País si esta Clase desapareciera? Estos Buenos Ciudadanos son pues la Esperanza Nacional.
Lamentablemente el ejemplo y la trayectoria de la gran mayoría de nuestros líderes políticos, empresariales, sindicales, congresuales y judiciales, que no son ningunos pendejos, ha provocado que la cantidad de estos “Buenos Ciudadanos” aparentemente se haya reducido y consecuentemente nuestra Sociedad vaya perdiendo esperanza y perdiendo sus mejores valores y personas.
Reconozcamos e imitemos a estos excelentes ciudadanos y con ello estaremos rescatando nuestra preciada y valiosa Sociedad Dominicana. Mientras más Buenos Ciudadanos existan más fuerte será su voz y más se escucharán sus reclamos. Aunque el rescate parece difícil es relativamente fácil, solo tienes que ser un “Buen Ciudadano”, te animas?
Ernesto Martínez
Centro Juan XXIII