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martes, 23 de mayo de 2006

(“¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? (…) Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura.” 1 Co. 1, 20-23.)

Acostumbrados a una cultura de señalizaciones que organizan nuestra sociedad y nos marcan el camino, hemos desarrollado un accionar instintivo ante cualquier indicaciòn,  doblar a la derecha, giro a la izquierda…, que al reflejar la imagen nuestra mente reacciona de manera automàtica, aunque no necesariamente para respetarla.  

A pesar de esa “automatización”, hay señales ante las que nos hemos quedado “analizándolas” porque rompen el esquema que nos hemos acostumbrado. Justicia y pobreza justifican una señal como la de  “ámense los unos a los otros”, la que parece dejarnos atónitos porque parece tan simple que no podemos creerlo y no tendrían sentido las señales de la sociedad que dan sazón a la competencia y al poder.   

“Morir para vivir”, “perder para ganar”. Pero ¿a quién se le ocurre?.  Otra señal digna de un colector de impuesto: “al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo poco que tiene”. ¿Dígame si son comprensibles a nuestra “sabiduría superior”?.  Preferimos el “doble a la derecha” grabado en nuestro disco duro como por “default”. 

Los que han sido audaces para seguir estas señales, han encontrado un camino diferente y, claro que por seguirlas han sido llamados “locos de Dios”.  Un tal Francisco, rico de cuna en Asís, que prefirió abandonarlo todo para vivir en la pobreza, obviamente no comprendido cuando invocaba una de estas señales, quizás aquella de “perder para ganar”. Otros, cuyos nombres son familiares y cercanos como el de Ghandi, Mandela, Teresa, Martin Luther King,  parece que las han aplicado.  

Difícil en estos tiempos seguir una señal como la “amar a tu prójimo como a ti mismo”, si no tenemos la capacidad de valorarnos como somos, y lanzamos la basura donde se nos antoja. Pensemos en aquel “no hacer a los otros lo que no quisieras que te hagan a tì”, la regla de oro, y mirémonos en una fila cualquiera, donde queremos ser el primero y,  peor aún,  “amar a nuestros enemigos”. En una sabiduría “sana” no parece encuadrar un comportamiento así, pues sería navegar contra corriente.  

Son señales que nos saltan en todo escenario, sin importar la resistencia.  Parecería que está en nuestra naturaleza humana, en nuestro ADN; ellas aparecen como si “Alguien” las estuviera estimulando, con un interés desconocido y que aquellos locos dicen que es para “ser felices”.  

En la prisa de hoy, estas señales no provocan reacción automàtica, ni queda tiempo en este apurar el “vivir” cada momento con intensidad y a nuestra manera, porque “es lo único que nos vamos a llevar”. ¿A dònde?..., bueno lo averiguaremos después. Lo que si sabemos es que aquellos locos de Dios, hablan de otra vida, una vida eterna.  

Definitivamente locos... ¿y usted?.

Angel Canò/Centro Juan XXIII

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