Se atribuye al gran científico Albert Einstein haber destacado que “la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Parecería que ésta es nuestra realidad actual. Estamos sentados viendo lo que pasa en la sociedad, como se van derrumbando nuestros valores, como hemos ido incrementando innumerables hábitos que, de mantener el ritmo, nos perfilarán como una sociedad inmoral, carente de valores, prácticamente sin identidad.
Y mientras eso pasa, preferimos colocarnos detrás de las rejas, seguros en nuestros hogares, despreocupados por los demás, en la medida en que garantizo mi entorno, mi seguridad y la de los míos.
¡Nos hemos encerrado a ver lo que pasa! Convertidos en simples observadores neutrales delante de los hechos que vemos pasar ante nuestros ojos, quizás hasta que nos toque el turno. Uno que otro “denuncia” los hechos, pero sin involucrarse ni asumir riesgos innecesarios.
¿A quién esperamos?.., ¿qué puede pasar?.. Habrá soluciones únicamente si todos, sin importar credos ni jerarquías de ningún tipo, nos involucramos en lo que acontece en nuestra sociedad, de manera comprometida, con carácter, con decisión firme. La voluntad es la que hace los caminos.
Empecemos en cada espacio donde estamos presentes: el laboral, comunitario, societario, público, privado, empresarial, social, familiar, escolar, universitario..., con un pequeño acto a la vez, una pequeña acción que signifique un cambio, un gesto distinto de respeto al otro, a la sociedad, al medio ambiente, a nosotros mismos; un gesto de interés verdadero en el otro, en aquel otro “yo” delante de mí. Tenemos que revertir el proceso; que se impongan los buenos hábitos, los valores, volver a reconocernos.
Seamos proactivos, pues como resume una frase que alguien escuchó a otro decir: “Es más fácil luchar por la vida que perderla por miedo a sentir el dolor”. Estamos a tiempo.
Hagamos eso y quizás nos encontraremos en algún punto más adelante.
Ángel Canó
Centro Juan XXIII