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martes, 08 de agosto de 2006

Es de suponer que el mundo está dirigido a favor y para las mayorías, un supuesto que parece agotarse en apenas el intento. Una idea, una decisión y millones de consecuencias, con beneficios muy particulares y limitados.

Es la guerra allá y la violencia aquí. Se agota la paciencia ante el ruido de los menos, mientras los más quedan siempre boquiabiertos e incrédulos frente a lo que se hace en su nombre y se enlata como prime time, capitulo a capitulo. 

Arreando a los más, aquí y allá, los menos dirigen y señalan un rumbo que hasta ellos mismos desconocen. La paz es de los más, pero el precio lo ponen los menos.  Regla extraña del mercado de la vida.  La verdad y la razón mueren en la violencia y al final ¿qué nos queda? Más de los menos que quieren más.  

Y los más, son los mansos que se dejan arriar y que les impongan reglas.  El fastidio puede echar a perder la fiesta de los menos, pues un día cualquiera la violencia de los mansos se levanta de mal humor reclamando que la palabra abandone el  estado de silencio. Pero, ¿qué mal te he hecho? ¡La pregunta no será suficiente!  

Es tiempo de mirar de frente, que la vista gorda fue puesta a dieta por necesidad.  Ignorar al resto tiene su precio y no se cubre con créditos futuros.  Basta de pintar la esperanza, que ya sabemos que es verde, no importa el rostro ni el número que se le imprima. Empecemos a tocarla, hacerla real ahora, que la eternidad terrena no existe y la historia se escribe momento presente, uno tras otro.  Si fuera cierto aquello de la aldea global pero no, nos han convencido de lo contrario, que la aldea no es global sino para los menos. 

Los mansos, con sus manos en los bolsillos, los mansos aquellos, los que pagan el tributo y asumen la factura, caminan por cualquier calle del mundo, los mansos aquellos, los que todavía creen que se puede…, que hay tiempo…, aquellos que confían, que esperan, que imploran, queriendo sembrar una esperanza fraterna real, que no haya duda que son los más aunque el traje largo lo vista el menos.   

Definitivamente ni una cumbre ni un consejo, que ciertamente hay mansos pero no pendejos. 

Ángel Canó
Centro Juan XXIII

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