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martes, 25 de abril de 2006

En apenas semanas nuevamente los dominicanos tendremos la oportunidad de escoger nuevas autoridades municipales y congresionales que realmente se correspondan con un compromiso personal con su comunidad más que con su propio partido.

La gestión municipal y congresual ha sido objeto de críticas, justificadas en ocasiones por los escándalos propiciados por sus representantes y por la evidente falta de compromisos con la comunidad que los eligió y con el país. La falta de consciencia ciudadana en muchos de estos representantes han provocado y promovido situaciones muy comprometedoras para el país, cuando por un asunto de puro interés partidario, particular o personal, han obstaculizado o impedido la materialización de acciones dirigidas al bien común.

Ante la nueva propuesta electoral de mayo, los dominicanos debemos propiciar una escogencia de aquellos que con su propio ejemplo puedan demostrar que aspiran al puesto en respuesta a una verdadera vocación del político que aspira a ayudar a su comunidad, a su país, y no simplemente de aquel que responde a una “estrategia” política que pretende asegurar un banco en el congreso o en el cabildo. 

Nuestro país necesita de políticos más comprometidos con el bien común que con el propio partido, más cuando el partido no promueve acciones en ese sentido sino el de hacer oposición como respuesta a todo cuando no provenga de sus propias filas. La guerra oposicionista, propiciada en todos los tiempos desde y fuera del mismo gobierno, ha sido un elemento perturbador y demoledor de los mejores intereses de este y de cualquier país, dado que elimina la objetividad en el accionar del político y limita su visión a sus propios y muy particulares motivaciones, olvidando la comunidad a la que se debe y que le ha beneficiado con su voto.           

La creatividad ha sido fructífera en el quehacer político cuando se trata de vendernos un producto que pretende salvar, liberar, el país a pesar de los mismos rostros, las mismas propuestas, los mismos apetitos antitéticos y desmoralizantes que hemos visto pasar durante tantos años. Y lo peor de todo es que la juventud que por fuerza sucede a la antigua generación política se siente amarrada, por no decir comprometida, a una práctica que al hacerla suya la reedita sin el menor rubor y sin importar los nuevos tiempos que exigen propuestas nuevas para una realidad de país y de mundo distintas.

En esta realidad y de frente a nuestro próximo compromiso eleccionario, ¿Quién podrà ayudarnos?... No hay chapulines colorado, rosado ni morado ni de ningún color que puedan hacerlo. Se requiere simplemente de un ciudadano consciente que cuando se acerque a la urna tenga identificado el mejor de los candidatos en términos de compromisos humanos y cristianos; en términos de valores comunitarios, éticos, que hable por si mismo, que con su propia presencia se pueda justificar en su actuar y que pueda respaldar cuanto tiene y aquello que pretende hacer de llegar a un cargo; que respete el derecho ajeno, la libertad y más que todo, que tenga por norte el bien de todos.

El país nos demanda esto. Ejerzamos nuestro derecho y deber de voto de manera conscientes sin dejar que otros lo hagan por nosotros.   

 
Lic. Ángel Canó
Centro Juan XXIII

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